Hoy he tenido la sensación de que estabas a mi lado en la cama. Qué disparate. He recordado tus manos en mi cintura y se me ha caído el mundo, o yo me he caído en él. Sí, creo que lo segundo es más correcto. Me di una buena hostia contra la realidad. No estás aquí. Y ahora me pregunto si alguna vez lo llegaste a estar de verdad. Y si nuestro banco seguirá siendo nuestro.
Hoy me he planteado ir, pero se me ha hecho un nudo en la garganta al pensar que, si voy, tendré la dichosa manía de mirar si vienes, y, joder, esta vez no vas a llegar. Te echo de menos. Y ya me jode hasta decirlo.
Hoy me he despertado con frío, quería que me abrazases. Pero no pudo ser. Qué irónico, nunca pudo ser nada contigo. Y yo lo hubiera dado todo por ti. Me estoy congelando, tú ya no quemas.
Ni ardes conmigo.
Ahora me pregunto si alguna vez llegamos a quemar.
O si tú eras simplemente hielo y yo ardía sola.
Hoy he dado siete pasos en falso, no sabía hacia dónde dirigirme y me fui directa hasta el camino que mejor sabía. El de tu casa. Pero, joder, tú no estabas. Y tampoco me esperabas. Y me acordé de cómo odiabas que llegase tarde, de cómo me echabas una mala mirada por retrasarme. ''Si llegas tarde tengo menos tiempo para estar contigo'' decías. Y ahora llego antes siempre, siempre antes. Y espero yo. Pero no llegas... creo que empiezo a entender por qué odiabas la espera. Temías que no llegara; pero siempre lo hacía, joder.
Y yo, aquí, ahora, esperando el tren de las tres también te espero a ti. Pero sé que no vas a llegar, porque ni siquiera sabes que me voy. Y aunque lo supieras tampoco cambiaría nada.
Tú tan de Serrat y yo tan de Sabina.
Tú tan Barcelona y yo tan Madrid.
Tú siempre antes, yo tan de después.
Pero tú ahora no, y yo, joder, yo sigo aquí.
Y te echo de menos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario