Hoy es un día triste,
es un día gris.
Tú no estás conmigo,
yo sigo echándote de menos.
Eres el mejor insomnio
que alguien puede sufrir.
Mi corazón te odia,
te quiere,
me desespera.
Quiero coger un puto avión
y llegar a dónde estés,
pero no sé cómo llegar
a ti.
Cuánto te echo de menos.
Y a mí.
A tu sonrisa
en mis labios,
a tu mejilla
en mis hombros.
A ti.
A mí.
A nosotros.
Hoy es un día triste,
gris.
Medio negro.
Del color del cielo
por las noches
cuando hay luna nueva
y a las estrellas le da miedo salir.
Ellas también te echan de menos.
Son grises.
Tan grises
como se tornaban
tus ojos
al mirarme cuando
el sol no hacía más que cegarte.
Y cuánto nos cegó a los dos.
Espero que me eches de menos.
Que recuerdes las mañanas compartidas.
Que al menos tú,
hayas sabido llegar a la orilla.
Yo me he estancado
en el puerto.
En la escala de los grises.
En el echar[te] de menos.