A veces el problema
es matemático.
Lo jodido viene
cuando no resuelves la ecuación.
O cuando no te resuelven.
A veces el error
es sistemático.
Es simple.
Es como cuando intentas
entender toda la trigonometría
en una sola hora.
Solo que al revés.
Es tocar tus lunares.
El problema es ese.
El error es ese.
Porque no te resuelven.
Te reducen,
te seducen.
Y las carcajadas
por Madrid se quedan
en '' tequieros'';
o más bien en tequilas.
A veces la caída
es sin paracaídas
y el suicida se acuchilla
con una tijera.
A veces los errores
van en plan B.
Como enamorarse.
Y es que,
a día de hoy,
ni el mejor suicida
me ha podido explicar
el porqué de que todos
se quieran tirar en
tu sonrisa.
Tienes la pena capital
en disparar tus
comisuras hacia arriba
y provocar la mejor carcajada
que ha oído Madrid
en muchos de sus días.
Y ese es un problema,
el problema de enamorarse
de la sonrisa,
de la risa de un chico
de x años y mil toques de colonia.
O de la risa de una chica
con más curvas
que la carretera de
Cuenca a Sevilla.
El problema es enamorarse
y que nadie te resuelva.
O que nadie te salve.