miércoles, 28 de enero de 2015

Nuestro banco, siempre nuestro.

Hoy he ido a nuestro banco. Estaba igual que siempre. Seguía siendo de tablones de madera estropeados y sin barniz, y seguía teniendo el chicle pegado entre dos tablones que tantas veces te dije que odiaba.
Estaba en el mismo lugar, pero aún así lo encontré diferente. Me faltaba algo para que estuviera completo. Me faltabas tú.
Me quedé un rato en él, y contemplé el parque que tenía en frente. Había, como siempre, un padre y unos niños jugando. Y me pregunté si les habría visto meses atrás antes, cuando también miraba ese parque mientras te esperaba. Hoy hacía lo mismo, pero tú no llegaste.
También me fijé en el señor que siempre pasaba con el periódico bajo el brazo que nos miraba sonriendo y negaba con la cabeza. Nunca te lo dije, pero creo que le recordamos a su pasado. Siempre quise preguntarle, pero, como muchas veces, me faltó el valor. Como contigo, porque si no, tal vez, podría haberle preguntado hoy junto a ti.
También pasaron ese padre y ese hijo. Sí, ese niño rubito que siempre se paraba a nuestro lado y su padre se excusaba con vergüenza. Hoy el niño también se paró, pero el padre no me pidió disculpas. Me miró a los ojos, como tantas otras veces, y me sonrió sin vergüenza. Sin disculpa. Pero con pena. Entendió antes que yo qué estaba pasando.
A mí todavía me cuesta entenderlo.
Fui allí porque creía que estarías.
Pero no estabas. Y yo en el fondo lo sabía.
No encontré mejor manera de olvidarte que haciéndome daño. Y culpándote por no estar.
Pero claro que no estabas. Tú tren se había ido a las nueve y yo había llegado a las diez. Qué raro, ¿eh? Yo que nunca llego tarde... Soy impuntual hasta en sentimientos.
Total, que el banco seguía igual, el parque seguía siendo el mismo y las personas que pasaban por ahí eran las mismas de siempre. Y te juro que cuando me dio el sol en plena cara y empezaba a calentar, y el viento había parado hasta convertirse en aire, ahí pensé que nada había pasado. Que seguía siendo mayo, y que nadie había arrancado las flores del jardín. Ni que yo las había vuelto a hacer crecer con las lágrimas. Te juro que sentí que todo seguía igual.
Pero no era así. No es así. Tú no estás, joder. Y ya nada puede ser lo mismo.
Nuestro banco te va a echar de menos.
A mí me va a echar de más.

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