lunes, 13 de abril de 2015

Problemas en A y en B. En negro y blanco. Nunca gris.

A veces el problema 
es matemático.
Lo jodido viene
cuando no resuelves la ecuación.

O cuando no te resuelven.


A veces el error 

es sistemático. 
Es simple. 
Es como cuando intentas
entender toda la trigonometría
en una sola hora. 
Solo que al revés.
Es tocar tus lunares. 
El problema es ese.
El error es ese.

Porque no te resuelven. 

Te reducen, 
te seducen. 
Y las carcajadas 
por Madrid se quedan 
en '' tequieros'';
o más bien en tequilas.

A veces la caída

es sin paracaídas
y el suicida se acuchilla
con una tijera.
A veces los errores 
van en plan B.

Como enamorarse. 

Y es que,
a día de hoy, 
ni el mejor suicida
me ha podido explicar
el porqué de que todos
se quieran tirar en 
tu sonrisa. 
Tienes la pena capital 
en disparar tus 
comisuras hacia arriba
y provocar la mejor carcajada 
que ha oído Madrid
en muchos de sus días.

Y ese es un problema,

el problema de enamorarse 
de la sonrisa,
de la risa de un chico
de x años y mil toques de colonia.
O de la risa de una chica 
con más curvas 
que la carretera de
Cuenca a Sevilla.

El problema es enamorarse 

y que nadie te resuelva.
O que nadie te salve.

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